sábado, 1 de octubre de 2011

2 de octubre no se olvida… pero muchos de sus ideales sí.
                                                                Preveíamos los cocolazos, las detenciones masivas,
                                                       estábamos preparados para la cárcel, bueno,
            más o menos, pero no previmos la muerte.
Gilberto Guevara Niebla, del CNH
(fragmento del libro “La Noche de Tlatelolco”)
Pues ya es 2 de Octubre, y dicen que no se olvida, pero ¿por qué no se olvida? Creo que  muchos de los estudiantes que dicen eso, ni siquiera saben la importancia que tuvo este movimiento hace 43 años. La verdad es que yo lo supe hasta hace poco. Nunca antes un movimiento había reunido más personas que éste. Y es que no sólo fueron estudiantes, también obreros, trabajadores, amas de casa (la mayoría madres de los estudiantes), y hasta niños.
¿Y qué pasó después? Todos sabemos lo que pasó. Luego de la masacre en la Plaza de las Tres Culturas, una búsqueda implacable de los estudiantes implicados en los movimientos. Tengo un caso muy cercano de una persona que tuvo que cambiar su nombre para evitar que lo encontraran.
Irónicamente, muchos estudiantes fueron a parar a Lecumberri como presos políticos. Digo irónicamente porque precisamente buscaban liberar a los que ya estaban antes. Actualmente, en ese lugar, se encuentra el Archivo General de la Nación, “sentí escalofríos”, nos dijo un profesor al hablar de su visita a ese lugar. Tal vez ya no sea prisión, pero ahí se quedaron los gritos ahogados y las torturas que propinaron a todos los que pasaron por sus celdas.
Pero qué pasa ahora, 2011. Nada, no pasa nada. Marchamos para recordar a los caídos en esa lucha contra la corrupción, las injusticias, el gobierno, la falta de oportunidades. Y sin embargo, seguimos igual: gobierno injusto, corrupto, que directa o indirectamente ha matado diez veces más personas que el gobierno de Díaz Ordaz.
A veces me imagino qué hubiera hecho yo de haber sido estudiante en aquel entonces. Con lo apasionada que soy, muy probablemente hubiera andado ahí, apoyando. Intento imaginar C.U. como una trinchera, como un búnker en el que todos, Politécnico, U.N.A.M., Chapingo, unidos por una causa: rescatar la dignidad del pueblo.
Me parece increíble que hayan pasado cuarenta y tres años y sigamos casi en las mismas, si no es que peores. ¿Por qué? ¿Por qué no hacemos nada? Si somos muchos, somos los más (como diría el Fisgón). Porque vivimos en el país del “no pasa nada”, como decía aquel comercial.
Me gustaría que un buen día, sea 2 de octubre o no, nos uniéramos todos los mexicanos, hiciéramos frente a todas las injusticias que se cometen contra nosotros, y, a diferencia de ese trágico día, saliéramos victoriosos. Pero creo que estamos muy lejos de eso, ni siquiera la caravana de Javier Sicilia ha logrado reunir a las 600 mil personas que llegó a unir el movimiento estudiantil.
Creo que estoy divagando mucho, pero es parte de vivir ¿no? Aún así, quiero que digamos “2 de octubre no se olvida”, con fundamentos, en serio no olvidarlo. Luchar, ponernos en pie para que la muerte de aquellos estudiantes, obreros, niños y madres no sea en vano.






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