miércoles, 29 de febrero de 2012

Hay de errores a horrores


Hoy hablaré de una de mis más grandes pasiones: la ortografía. Hace un rato una amiga se enojó conmigo porque siempre la corrijo en la escritura. Lo siento, juro que no puedo evitarlo. Pero no es porque me sienta omnisapiente. Si lo hago, es precisamente porque sé que aún me falta mucho por aprender.


En ese sentido, corrijo un error cuando lo veo, porque quiero que si yo me equivoco me corrijan. Considero  que mi ortografía acentual es buena, la literal también. Pero la puntuación por ejemplo, me falla mucho.  

Aunque tal vez lo que no tengo, es el tacto para corregir. Me disculpo también por ello. Generalmente intento decir las cosas lo mejor que puedo, no siempre lo logro. De hecho, casi nunca. Suelo decir cosas que hieren sin darme cuenta.

Desde que tengo a cierto profesor en Taller de Redacción, intento escribir lo mejor posible. Por ejemplo, siempre he puesto “haha” en lugar de “jaja”. Hasta donde mi entendimiento llega, “jaja” sí está aceptado por la RAE, “haha” no. Casi siempre omito el primer signo de interrogación y exclamación y sólo pongo el último. Y no sé si escribir con emoticones sea falta ortográfica. Así que, digamos que tengo muchísimas faltas desde que cuento con perfil en Facebook.

Recuerdo que hace un tiempo, un amigo me dijo que le molesta mucho que escriba con acentos en el Messenger. Lo siento, tampoco puedo evitarlo. Cuando empiezas a usarlos, llega un punto en el que no puedes omitirlos. Si no me crees, inténtalo.

Algunos puristas de la lengua consideran que el uso de las redes sociales, degradará la lengua poco a poco, y  quitará la gran riqueza de nuestro idioma. La verdad, me encuentro en un gran dilema. A veces pienso que quizá tienen razón, y no imagino la vida sin los acentos, ni los signos de puntuación. Otras veces, pienso que tal vez este cambio será inevitable y termine siendo para bien (espero).

Además, lo que los puristas no ven, es que medios como Messenger, Facebook y Twitter; requieren de inmediatez. Sinceramente, dudo que esos puristas utilicen alguno de estos medios de la forma en que nosotros, jóvenes lo hacemos. Digo, poner acentos, puntos y comas, quita tiempo.

Aunque como dicen por ahí, para romper las reglas hay que conocerlas. Gabriel García Márquez no dice que hay que quitar los acentos nomás porque sí. Sus razones tiene y buenas. Entonces, creo que es normal tener faltas de ortografía en los medios antes mencionados. En lo personal no me gusta, y trato de no hacerlo, pero cada quién sus letras.

Ahora, algo harto diferente es escribir mal en un trabajo académico. No quiero ver llegar el día en que alguien “ezZqriiBa AzZhi” en un libro. Por eso no he leído el libro de Peña Nieto. Porque digo, hay de errores a horrores. Una cosa es equivocarte en un acento o algo así, y otra es de plano escribir cosas como "comvinacion" o "conbinacion". Reglas ortográficas básicas: en este tipo de palabras, la "m" siempre se acompaña de la "b", y la "n" va junto con "v". 

miércoles, 22 de febrero de 2012

Mi primer amor


Dicen que siempre hay una primera vez, que esa primera vez jamás se olvida. Palabras muy sabias y ciertas son las anteriores. Jamás olvidaré el primer contacto que tuve con él. Supe de su existencia gracias a mi hermano. De no haber sido por él, tal vez después lo hubiera conocido. Pero no, el destino quiso que fuera a los nueve años.

Nunca antes había tenido un acercamiento de ese tipo. Bueno, sí, en la escuela, cuando tenía seis años. Pero era porque mi profesora me obligaba. Esta vez era diferente. Ahora era yo quien tomaba la iniciativa.

Cada vez me sorprendía más. Con cada anécdota quedaba anonadada. Todo lo que me decía me parecía inverosímil. “Tuve a un gato que me odiaba, y yo a él. Primero le saqué un ojo y después lo maté”. Me sentía atraída y lo repudiaba al mismo tiempo. No me explicaba lo que sucedía en mi mente.

Quizá era el morbo que padecemos la mayoría de los seres humanos lo que no me permitía alejarme. Tal vez sólo me movía la curiosidad. No podía dejarlo. Mi mente decía “basta”, pero mi instinto no cedía.

Así continué durante varios días, debatiéndome entre seguir o no. Me consternaba más a cada instante. Otro día me contó de alguien a quien enterraron vivo. Aunque al principio no creía, terminé sucumbiendo. Le creí totalmente. Me parecía tan irreal, pero al mismo tiempo probable.

Sin embargo, nada es para siempre. Luego de algunas semanas, todo terminó. Aunque no fue hasta uno o dos años después que descubrí la verdad: viví engañada ¡Todo lo que dijo era mentira! Invenciones producto de su imaginación.
La verdad no fue difícil aceptarlo, pues cuando me contaba todo eso era muy pequeña. Una de niña se cree todo lo que le dicen. Por eso cuando crecí y tuve más conciencia de las cosas, no me sorprendió. “Con razón a veces no le creía”, me dije.

No obstante, no lo hacía a propósito. Sus intenciones no fueron malas en ningún momento. Él no tenía la culpa de que no hubiera nadie que me explicara que la gente inventa historias. Además, él ya no estaba aquí para decírmelo. Y aunque estuviera, dudo que lo hubiera hecho.

En un párrafo de los anteriores escribí que todo acabó. Pero ahora que lo pienso, no fue así. En realidad fue sólo el principio. Luego de él, quise conocer a más de los de su tipo. Agradezco infinitamente a mi hermano por presentármelo.

Y a pesar de lo tonta que me sentí cuando me enteré que sus cuentos no eran ciertos, agradezco a Edgar Allan Poe. Gracias a este escritor, mi primer acercamiento a la literatura fue estupendo. Fue quien me enseñó que la vida puede ser más placentera cuando uno lee.

martes, 14 de febrero de 2012

Empaláguese, que hay chocolates.

Bien, bien, llévame a la hoguera por holgazana. Sé que he dejado muy abandonado el blog, y esta vez no tengo excusa, pero en verdad, prometo, ahora sí, escribir mínimo, una vez por semana. Ahora sí, hay que quitar las telarañas y el polvo que hay aquí.
     Y bueno, qué te parece si hoy que es día del "amor y la amistad", hablamos sobre eso. Parece que está de moda odiar este día. En lo personal no lo odiaba, y aunque es el segundo año en mi vida que lo paso con novio (por cierto, odio la palabra "novio"), pues digamos que no me entusiasma.
     La verdad, no sé de dónde me salió el odio hacia este día. Y no tanto por toda esta onda del consumismo y la mercadotecnia, sino por lo difícil que es la situación. Si tienes pareja, te quiebras la cabeza pensando en qué regalarle,digo, si quieres ser original ¿no? Porque la industria ofrece chocolates, bombones, globos, peluches y un sinfin de objetos obsoletos. Además de unas cuantas novedades, la verdad es que cada vez me sorprenden más los nuevos artículos chinos.
     Algo importante es dar porque nos nace, y no por compromiso. Aunque en mi opinión, nunca damos sin esperar nada a cambio, no significa que esperemos algo del mismo valor, o precio. Me explico, cuando un amigo está triste, por ejemplo, le invitamos un café, porque esperamos que se desahogue y se sienta mejor. Si logramos nuestro cometido, su sonrisa es nuestro regalo de vuelta.   
    Volviendo a mi odio por el 14 de febrero, te decía que es tan difícil. Una vez que tienes el regalo perfecto para tu media naranja, debes quebrarte la poca cabeza que te queda, pensando en el lugar al que irán. Aunque hoy en día Internet facilita muchas cosas, no imagino cómo le hacían nuestros padres para elegir los lugares. Sin embargo, también las dificulta, pues seguramente no eres la única persona que googleó "lugares para el 14 de febrero".
     Entonces, además de lo anterior, encontrarás los restaurantes, cafeterías, cines y obviamente hoteles, hasta el tope. Así que, exceptuando los hoteles, olvídate de la privacidad con tu pareja ¡Ah! Y las calles no están excentas de esto, también estarán llenas de vendedores.
    Por el contrario, si no tienes novio o novia, pues digamos que la miel que derraman los que sí tienen, te empalagará y correrás riesgo de padecer diabetes. Criticarás a todos los que suben fotos con su "amorcito" a facebook, odiarás tu Time Line de Twitter, tan llenos de "feliz día de San Valentín".
     Aunque no todo en este día es malo. Puedes aprovecharlo para llamar a tu ex, bueno no, pero sí para llamar a ese amigo o amiga que no ves desde que saliste de la secundaria. Recuérdale a tus seres queridos cuánto los aprecias y lo importantes que son para ti.
     Ahora bien, si tienes ganas de salir con tu pareja, puedes posponerlo, al fin y al cabo, el tiempo es relativo. Si quieres ir a la cafetería "de moda", o a ése restaurante francés que te recomendaron, déjalo para la próxima semana.
     Así que, si de plano odias este día, no hagas como yo que lo critico en mi blog. De lo contrario parecerás más amargado (a) que tu tía cuarentona que sigue soltera. Sólo ignora la fecha y vive este día como cualquier otro. O enciérrate en tu cuarto a ver "Diario de una Pasión", comiendo helado y chucherías, lo que ocurra primero.