lunes, 2 de julio de 2012

Somos más de 132


El día de hoy los jóvenes estamos de luto. Se siente como un dos de febrero, como un veinticinco de diciembre, o como un partido de México contra Argentina; excepto porque lo que suceda este día nos afectará por los próximos seis años de nuestra vida.

Sé que la mayoría de los jóvenes en el Distrito Federal y sus alrededores nos sentimos decepcionados, enojados, traicionados… peor que novia plantada en el altar.  No obstante, debemos entender que aunque en el D.F. el PRD obtuvo la mayoría, y en Internet nadie quería a EPN; México no es solamente el Distrito Federal, pues sólo el 7.9% vivimos en esta entidad (de acuerdo con el INEGI); México no es Internet; no todos los habitantes del país tenemos acceso a este medio. Y puedo apostar que mínimo el 30% es menor de edad. Y definitivamente, México no es #YoSoy132.

No me malinterpreten, como muchos de ustedes, yo voté por AMLO; y no quiero a EPN gobernando a mi país. No obstante, pienso que no debemos caer en teorías de la conspiración. Sé que muchos desconfiamos del PREP, pero debemos darle el beneficio de la duda. Puede ser que muchas personas en el resto de país sí hayan votado por EPN.

Veo en Internet las fotos por casilla que muestran a AMLO como ganador indiscutible, pero la mayoría de esas casillas son del Distrito Federal. No es de extrañarse, pues en esta ciudad ganó el candidato de la izquierda, Miguel Ángel Mancera.

Insisto en que no me malinterpreten, yo también pienso que posiblemente hubo fraude. Pero creo que lo que debemos hacer es reunir pruebas en todo el país. El PREP no descarta el hecho de que en el D.F. AMLO haya tenido mayoría de votos. No así en los otros estados, o al menos eso dice el PREP. Por eso digo que si queremos demostrar que hubo fraude electoral, debemos reunir pruebas en todo el país. La pregunta no es qué debemos hacer, sino ¿quién lo hará?

No todos podríamos recorrer todo el país. Quiero pensar que hubo casillas en lugares remotos en los que nadie tiene un celular para tomar fotografías. Entonces, si queremos reunir fotos por casilla, para demostrar que hubo fraude, tendríamos que ir a esos lugares remotos para conseguir el conteo de los votos.

Veo en Twitter y Facebook que el movimiento Yo soy 132 convoca a una manifestación el día de hoy. Me parece que no sería conveniente asistir. Desde mi punto de vista, creo que debemos esperar a que se contabilice el total de los votos, reunir pruebas suficientes y entonces sí comenzar a actuar. Si asistimos a la marcha, será una forma (indirecta) de aceptar que Peña “ganó” las elecciones. Lo que no significa que nosotros lo queramos.

También me encuentro con tweets y estados que maldicen y le recuerdan a su madre a las personas que vendieron su voto por quinientos pesos.  No creo que sea bueno juzgarlos así, de buenas a primeras. Hay que tener un poco de empatía hacia esas personas, pues me supongo que aquellos que maldicen en twitter y facebook, comen tres veces al día y tienen agua, luz, techo y el lujo de Internet. En dado caso, la culpa es del PRI por aprovecharse de su situación económica.

Ahora bien, tenemos otra opción. Si finalmente decidimos aceptar que EPN sea el próximo presidente, exigirle que cumpla lo que prometió. Asimismo, tomar parte de la responsabilidad de sacar adelante el país. Nuestra participación no puede reducirse a un día. Nuestra participación ciudadana va más allá de un voto.

Es obvio que una sola persona no podrá lograrlo. Peña Nieto no hundirá ni sacará a flote al país él solito. Soy de la idea de que el orden se forma a partir de los individuos, así que lo que nos queda es exigir que cumplan con sus promesas, y contribuir con nuestro granito de arena para que éstas se logren. En conjunto, porque México no es una persona, México no somos 132, somos 120 millones de habitantes.


[1] Fuente: INEGI.

viernes, 22 de junio de 2012

Soledad nunca está sola

Ríe y el mundo reirá contigo, llora y llorarás solo. Así dice un proverbio que escuché recientemente en una película. No sé qué tan cierto sea lo anterior, pero eso me hizo pensar en lo estigmatizada que está la soledad. Y si no me crees, acuérdate de aquella vez que fuiste solo a beber a un bar o peor aún: el día en que fuiste solo al cine. Aunque en realidad me refiero a un único tipo de soledad: la soltería.

No entiendo (bueno sí entiendo, pero no quiero aceptarlo) por qué la sociedad te impone la idea de buscar a esa “persona especial” para compartir la vida. Sé que es una idea muy arraigada, quizá para preservar la especie y demás. Si tienes treinta y cinco años y sigues soltera,  ya te quedaste a vestir santos; serás la tía solterona a la que toda la familia mirará con lástima en las reuniones.

La televisión y el cine –y anteriormente la radio—se han encargado de pintarte el mundo amoroso de color de rosa. Tropezarás con mil piedras, besarás cien sapos; pero al final, encontrarás al amor de tu vida y serán felices por los siglos de los siglos amén. Formarán una familia, tendrán un lindo hogar y morirán siendo ancianos tomados de la mano en su cama.

Sin embargo, la realidad dista, y por mucho, de ese mundo feliz que las películas muestran. Sí, admito que hay parejas que la verdad, hacen creer en el amor eterno nomás de verlas. Pero si todo fuera así, no existiría el divorcio… ni “Lo que callamos las mujeres” y “Laura en América”.

Además de la presión social, tengo la hipótesis (y estoy segura de que no soy la única que lo piensa) de que los seres humanos tememos a la soledad porque nos aterra la idea de encontrarnos con nosotros mismos, con una versión nuestra que quizá no nos agrade tanto. Una versión que nos desnudará –en el sentido figurado—frente a nuestra propia persona, pues al no tener a nadie más con nosotros, nos quitaremos las máscaras.

Pero bueno… yo estoy aprendiendo a disfrutar de la soledad. La estoy aceptando, abrazando, apapachando y, como diría un profesor, me la estoy fajando. En realidad no es tan difícil. Nada como caminar sola por las calles pensando en todo y en nada al mismo tiempo; no tener preocupaciones por ¿qué le voy a regalar en su cumpleaños? Y no olvidemos el tiempo (y dinero) libre que tiene uno para invertir en sí mismo.

Además… ¿cómo sentir el calor de la compañía si no sientes a la soledad antes? Bien lo dijo Descartes, necesitamos polos opuestos como puntos de comparación. La perfección no existiría sin la imperfección.

Aunque no niego que busque a alguien o que quiera a alguien para compartir “mi vida”. Digo… ahorita pienso eso porque soy joven y tengo muchos amigos, jaja. Tampoco es que me cierre a la idea esa de formar una familia, pero pues no es algo que me quite el sueño, ni mi principal objetivo en la vida.

Y como diría aquella canción: “Mi soledad… siempre he pertenecido a ti”.

martes, 15 de mayo de 2012

La muerte de aquél que ideó "La muerte de Artemio Cruz"


Aunque se empiece escribiendo para vivir,
se termina siempre escribiendo para no morir.
Carlos Fuentes
Si hay algo que comparte mi abuelo paterno con Carlos Fuentes es el día de su fallecimiento; aunque en distinto año, claro está. Mientras yo me sobrecogía por la muerte de uno de mis escritores favoritos (seguro que de Peña Nieto también lo es), mi padre me decía que hoy hace cincuenta y dos años que su padre murió. Quizá la muerte de Carlos Fuentes no tomó tanto de sorpresa a mi papá como la muerte de su progenitor, pero debo admitir que a mí me desconcertó demasiado. 
     Sí, sé que ya era bastante grande. No obstante, guardaba la esperanza de que viviera lo suficiente como para que algún día pudiera entrevistarlo. Ni modo, ya será en la otra vida. Y pensar que justo ayer hablaba con un amigo sobre Vargas Llosa y su pedante actitud. Le dije que siento una aberración hacia este escritor chileno por su sentimiento de superioridad; y que, a pesar de que se decía que Carlos Fuentes era igual de presuntuoso, me encanta como escribe (o mejor dicho escribía). 
     Sí, sé que todo el mundo habla sobre este acontecimiento, pero... ¿cómo no hablar de ello? Es decir, Carlos Fuentes fue uno de los grandes escritores del boom latinoamericano. Aún recuerdo aquella entrevista en la que dijo que él ya había ganado el premio Nobel cuando se lo dieron a García Márquez. Sencillito y carismático.
     En mi caso, bastó con leer Aura para darme cuenta de los grandes dotes literarios del hombre. A la fecha, es la única novela que he leído narrada completamente en segunda persona del singular. Después, un profesor me dejó leer La región más transparente en el cincuenta aniversario de su lanzamiento. De ahí vinieron Gringo Viejo y Las buenas conciencias; y un gran amor por sus letras.
      Y sí, también sé que Carlos Fuentes no se limitó a la literatura, tuvo una gran actividad política en el país, sin embargo, no soy conocedora de ella, me limito a hablar de él como literato. Esto me recuerda a Enrique Peña Nieto, el pobre debe estar desconsolado después de que el escritor de uno de sus libros favorito murió. Ah, no, Krauze sigue vivo. Bueno, por una parte estuvo bien que Carlos se nos fuera antes de la elecciones presidenciales: si queda Peña, no tendrá que verlo.
      En fin, ¿qué más puedo decir/escribir? El único consuelo que me queda es que si hay otra vida, tal vez mi abuelo está platicando con el gran Carlos Fuentes. Mientras tanto aquí en la Tierra, habremos quienes lo mantengamos vivo a través de sus letras, de nuestras letras. 
     

     


domingo, 29 de abril de 2012

¿Votar o botar?


En verdad quiero limar perezas (no asperezas) con el blog, pero mi cada vez más ocupada vida no me permite escribir con la regularidad que quisiera. Además, por alguna extraña razón, cuando estoy frente a la pantalla tratando de escribir algo decente, todas las ideas que había formulado a cerca del tema de que hablaría, se esfuman como por arte de magia. Tal vez es una especie de pánico escénico.

En fin, antes de salirme del tema que en realidad quiero abordar; empiezo con la entrada del blog. Resulta, jóvenes ilustres que me leen, que se acercan las elecciones presidenciales en nuestro país. Ya sé, ya sé, no necesito recordárselos, los spots que se transmiten en la televisión cada dos minutos lo hacen muy bien.  Sin embargo, considero importante hablar sobre este tema.

Hace poco leí un artículo de un periodista de dudosa procedencia, que llamaba “apolítica” a nuestra generación, y responsabilizaba a las bandas de rock mexicanas por no inspirar y hacer llamado a la protesta. Con todo el respeto que el señor se merece, me parece que está tomando una postura muy radical. Si bien es cierto que muchos jóvenes no se interesan por la política, no creo que la música sea la causa principal del desencanto que existe. Considero que hay otros factores que intervienen, como la falta de propuestas novedosas y creíbles por parte de la mayoría de los candidatos.

Debo admitir que durante un tiempo pensé en anular mi voto; después recapacité y ahora pienso que anularlo sería dejar que otros elijan por mí y deslindarme de toda responsabilidad ciudadana. Entonces, en lugar de botar a los políticos, decidí votarlos. Ah, pero no hay que olvidar que ser un ciudadano no sólo es ir a votar, también es darle seguimiento a las acciones de los gobernantes y exigir ajustes de cuentas (cosa que me parece que a nuestro país le falta practicar). 

Entonces, me he dado a la tarea de checar propuestas – cualquier parecido con algún comercial del I.F.E. es mera coincidencia— para así elegir al candidato que más se adecúe a mis necesidades (ejem, AMLO).

Lo que sí, es que opino que el futuro del país no está en una sola persona. Debemos deshacernos ya de esa idea tonta de que la culpa de todo la tiene el gobierno. Está bien, en cierta medida sí tiene culpa, pero nosotros también. Un país no lo construye una persona, lo hacemos todos.

Por eso, tú joven lector, lectora, piensa bien qué harás en las próximas elecciones. ¿Votar?, ¿no votar?, ¿anular tu voto? Y en caso de votar ¿por quién hacerlo? No sólo se trata de decir que todos los políticos son iguales, que lo único que hacen es robar. No sólo se trata de echarle la culpa al de al lado de todas tus desgracias. Se trata de actuar, proponer, dar seguimiento y luchar por tus convicciones, sean las que sean.

P.D. Si no tienes la mínima idea de por quién votar, tal vez este test te ayude a decidir:  http://porquienchingados.org.mx/  Recuerda que esto sólo es una recomendación. Si piensas votar, infórmate lo mejor posible de las propuestas de cada candidato. No dejes la decisión a otros, y si lo haces, después no te andes quejando.

martes, 3 de abril de 2012

Si es Semana Santa... ¿las demás son pecadoras?

Pues ahora que disfrutamos felizmente de nuestras vacaciones de "Semana Santa" me puse a pensar (sí, a veces pienso) en la importancia que tiene la religión en nuestro país; y sobre todo su influencia en nuestro Estado "laico". Digo... con eso de que nuestro señor Presidente y los candidatos a ocupar ese cargo fueron a ver al papa y hasta la mano le besaron, pues la verdad me preocupa don Benito Juárez. Yo creo que si él viviera se moriría de nuevo para poder revolcarse a gusto en su tumba. 
     Sin embargo, hay que encontrar el lado bueno, ¿no? Yo sí soy bien feliz los viernes de vigilia, porque no soy muy fan de la carne y mi mamá es muy fan de Dios. Así es que es una buena combinación. Lo malo es cuando mi progenitora decide preparar mariscos o algún alimento del mar; ahí es donde las cosas se complican y tengo que recurrir a la nunca defraudadora comida del día anterior, aunque sea carne, ya qué.
     Aunque... ahora que lo pienso, ¿Alguien sabe por qué no se come carne los viernes? Antes era toda la cuaresma... y qué padre. Pero supongo que los curas leyeron "El Matadero" y decidieron que fuera nomás los viernes, para evitar que algunos creyentes se les fueran. 
     Ahora... ¿por qué precisamente carne? Esto sí necesito que alguien me lo explique ¡Con Biblia en mano por favor! ¿Por qué no verduras o pan? Lo único se me ocurre es que bueno... para muchos no sería un sacrificio dejar de comer verduras (o pan), y pues ya ven que al Señor le gusta que hagamos penitencias para redimir nuestros pecados ¿Y qué pasa con los fieles vegetarianos?, ¿comen carne los viernes? 
     Entonces pienso en aquellas personas adeptas a San Juditas que pues... digamos... tienen dudosa reputación ¿no? Sabes a quiénes  me refiero (y no me refiero a TODOS los seguidores de este santo, sólo aun tipo de seguidores) ¿Qué pasa con ellos? ¿Dejan de comer carne pero siguen asaltando? O los narcos ¿No comen carne pero siguen destazando gente? 
       Y acabo de recordar que me contaron por ahí, de una chica que no votará en estas elecciones porque su religión no se lo permite ¡Oh, Dios Padre! No creí que a estas alturas alguien dijera eso en serio... las únicas veces que lo había oído era por mi propia voz y totalmente en broma. Ya no estoy para esos trotes, de verdad.
     Lo único que nos queda es disfrutar de esta semanita y hacer Acapulco en la azotea; claro, quejándonos siempre de que la religión permee tanto en la vida política de nuestro país. Bendita sea la doble moral.
     
P.D.: "El Matadero" es un cuento del escritor argentino Esteban Echeverría y lo pueden leer aquí: http://escritorioalumnos.educ.ar/datos/recursos/libros/el_matadero.pdf 

jueves, 15 de marzo de 2012

Esperar esperando esperanzadamente

Lo siento mucho, la semana pasada no pude escribir porque no había Internet en mi casa. Está bien, es un pretexto absurdo; pero bueno, mientras esperaba a que regresara mi señal de Internet, me quedé pensando en todas las veces que nos hemos quedado esperando.

Bien lo decía Lennon, "la vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes." Siempre estamos esperando. Esperas tu cumpleaños para que te regalen algo; esperas a que sea viernes para poder salir; esperas ansiosamente que llegue el día del concierto de tu banda favorita; esperas el camión en la esquina de tu casa; esperas en el metro a ése amigo que tiene años que no ves. En fin, tu vida es esperar, esperar, y esperar esperanzadamente.

Cuando por fin llega el momento que tanto esperabas, eres feliz. Te sientes bien, lo disfrutas al máximo. Sientes esa inexplicable sensación en el estómago. Esa sensación de que todo está bien, no podrías ser más feliz de lo que eres en ese momento. Aunque nada es para siempre, así haya durado todo el día, se te va rapidísimo. Esperaste horas, días, meses a que eso sucediera; y cuando sucede, no dura nada. 

Siempre estamos posponiendo nuestra felicidad, como diría una maestra. Esperas a que termine la carrera para poder ser feliz; esperas al amor de tu vida; esperas poder independizarte; esperas las vacaciones para descansar. Y así podría continuar por el resto del día; enlistando las cosas que vivimos esperando.

Pero no lo haré, y tampoco te diré aquella frase cliché de que aprendas a ser feliz con lo que tienes. Y es que todo el mundo te dice que debes apreciar lo que posees porque lo puedes perder. Se dice fácil ¿no? Pero a ver, quiero que esas personas lo hagan. 

Siempre te dicen que vivas cada día como si fuera el último. Puedo apostar a que todos aquellos que dicen eso, no lo llevan en práctica nunca. No los culpo, la mayoría de las personas somos así. Pero entonces... ¿Qué hacer? ¿Cómo aprender a no esperar? No lo sé. Pero no me preocupo, porque nadie lo sabe. Se la pasan diciéndote que no pospongas la felicidad y vivas cada día al máximo, ¿cómo? quien sabe, pero hazlo.

Además todo puede ser un arma de dos filos. Que si eres feliz con lo que tienes, eres un conformista. Que si quieres más, eres un pinche ambicioso ¿Entonces? Ya te dije, no lo sé. Además, no soy quién para decirte cómo vivir. Vive como quieras y como puedas. Al fin y al cabo, somos humanos, siempre viviremos esperando.

P.D. Espera la siguiente entrada al blog el miércoles de la próxima semana.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Hay de errores a horrores


Hoy hablaré de una de mis más grandes pasiones: la ortografía. Hace un rato una amiga se enojó conmigo porque siempre la corrijo en la escritura. Lo siento, juro que no puedo evitarlo. Pero no es porque me sienta omnisapiente. Si lo hago, es precisamente porque sé que aún me falta mucho por aprender.


En ese sentido, corrijo un error cuando lo veo, porque quiero que si yo me equivoco me corrijan. Considero  que mi ortografía acentual es buena, la literal también. Pero la puntuación por ejemplo, me falla mucho.  

Aunque tal vez lo que no tengo, es el tacto para corregir. Me disculpo también por ello. Generalmente intento decir las cosas lo mejor que puedo, no siempre lo logro. De hecho, casi nunca. Suelo decir cosas que hieren sin darme cuenta.

Desde que tengo a cierto profesor en Taller de Redacción, intento escribir lo mejor posible. Por ejemplo, siempre he puesto “haha” en lugar de “jaja”. Hasta donde mi entendimiento llega, “jaja” sí está aceptado por la RAE, “haha” no. Casi siempre omito el primer signo de interrogación y exclamación y sólo pongo el último. Y no sé si escribir con emoticones sea falta ortográfica. Así que, digamos que tengo muchísimas faltas desde que cuento con perfil en Facebook.

Recuerdo que hace un tiempo, un amigo me dijo que le molesta mucho que escriba con acentos en el Messenger. Lo siento, tampoco puedo evitarlo. Cuando empiezas a usarlos, llega un punto en el que no puedes omitirlos. Si no me crees, inténtalo.

Algunos puristas de la lengua consideran que el uso de las redes sociales, degradará la lengua poco a poco, y  quitará la gran riqueza de nuestro idioma. La verdad, me encuentro en un gran dilema. A veces pienso que quizá tienen razón, y no imagino la vida sin los acentos, ni los signos de puntuación. Otras veces, pienso que tal vez este cambio será inevitable y termine siendo para bien (espero).

Además, lo que los puristas no ven, es que medios como Messenger, Facebook y Twitter; requieren de inmediatez. Sinceramente, dudo que esos puristas utilicen alguno de estos medios de la forma en que nosotros, jóvenes lo hacemos. Digo, poner acentos, puntos y comas, quita tiempo.

Aunque como dicen por ahí, para romper las reglas hay que conocerlas. Gabriel García Márquez no dice que hay que quitar los acentos nomás porque sí. Sus razones tiene y buenas. Entonces, creo que es normal tener faltas de ortografía en los medios antes mencionados. En lo personal no me gusta, y trato de no hacerlo, pero cada quién sus letras.

Ahora, algo harto diferente es escribir mal en un trabajo académico. No quiero ver llegar el día en que alguien “ezZqriiBa AzZhi” en un libro. Por eso no he leído el libro de Peña Nieto. Porque digo, hay de errores a horrores. Una cosa es equivocarte en un acento o algo así, y otra es de plano escribir cosas como "comvinacion" o "conbinacion". Reglas ortográficas básicas: en este tipo de palabras, la "m" siempre se acompaña de la "b", y la "n" va junto con "v".