lunes, 2 de enero de 2012

Do you realize.


Mujer en la caja


Estás ahí frente a la caja. Jamás imaginaste ver a una de tus mejores amigas en esa condición. Tenía dieciséis años. Pudo haber disfrutado de una vida plena y larga. Pero si la vida es injusta, la muerte lo es más. Ella no discrimina, a todos ve por igual.
     De repente empiezas a recordar todo lo que pasaron juntas, como una ráfaga se vienen imágenes a tu memoria. Las clases libres sentadas en la puerta del auditorio, el lugar que "descubrieron" juntas. La promesa que se hicieron de no dejarse de hablar si alguna lograba algo con el chico que les gustaba. Tu primer amiga de la preparatoria.
     Entonces viene a tu memoria aquel día que no llevabas pants y ella te ayudó a conseguir uno. Ambas corrieron por toda la escuela para llegar a tiempo a la clase. Viene a tu mente el momento en que se calló. Se dibuja una sonrisa en tu rostro. Es mejor así, recordarla con una sonrisa.
     Sin embargo no puedes evitar las lágrimas. Es difícil enfrentarte a esto. "Lo bueno es que no estoy sola", piensas. Tus amigos están contigo. Todos intentan contenerse, es evidente que les duele ¿Y cómo no va a doler? Si Vicky era una extraordinaria persona.
     Y no es por esa idea generalizada de santificar a las personas cuando mueren. En verdad que ella era buena. De esas amigas incondicionales que te brindan su apoyo frente a cualquier circunstancia. Veía por los demás antes que por ella, sabía escuchar y aconsejarte, lloraba y reía contigo, te ayudaba en todo lo que podía.
     Tenía una mentalidad muy positiva. Siempre había una sonrisa en su rostro. Aún cuando le detectaron lupus no sé dejó caer. Otra persona hubiera maldecido a la vida, a Dios. o a quien se le pusiera en frente. pero no, Vicky siempre se mostró optimista, confiaba en que controlarían su enfermedad.
    Ahora está ahí, dentro de esa caja. Todos están al rededor de ella. No quieres acercarte, temes recordarla así y no como era en realidad. Pero lo haces, caminas lentamente, un amigo toma tu mano, "todo estará bien", te dice. Llegas a la caja, miras hacia abajo, donde está ella. La ves ahí, acostada, con los ojos cerrados, con los labios pintados. Quisieras pensar que está dormida.
     No, no lo está, ojalá así fuera. Hablas con ella pensando tontamente que te responderá. Le dices cuánto la vas a extrañar y lo difícil que será hacerte a la idea de que ya no estará. Será complicado pensar que ya no escucharás su voz jamás, no la verás reír más.
     Ya no puedes más, abrazas a tu amigo y te echas a llorar. "No es justo, ella no merecía tanto dolor", expresas. Te alejas de donde está, no te gustaría recordarla como la acabas de ver. Es mejor acordarte de los buenos tiempos juntas. Quieres salir, correr y gritar. te sientes impotente, te gustaría cambiar las cosas. Es en vano, no puedes y lo sabes.
     Te quedas un rato a platicar con sus padres. Después vas con tus amigos, charlan y se acuerdan de las cosas que vivieron con Vicky. Al cabo de un rato decides retirarte, el ambiente ahí es asfixiante.
    Todo lo que sientes es contradictorio. Por una parte intentas recordar todos los buenos momentos, todas las sonrisas, las peleas, las locuras. Te ríes. Pero por otra parte sientes dolor, de saber que ya no volverán a sonreír juntas, de saber lo mucho que sufrió y que no merecía.
    Durante los siguientes días tratas de aceptar que tu amiga ya no está. Sabes que no será fácil, quizá te tome mucho tiempo. Tal vez se te vaya la vida en superarlo. Para recordarla siempre decides que tu hija se llamará Victoria. En honor a quien honor merece. Y cuando te pregunte por qué le pusiste ese nombre le contarás lo valiosa que es para ti tu amiga, tu Victoria.