viernes, 22 de junio de 2012

Soledad nunca está sola

Ríe y el mundo reirá contigo, llora y llorarás solo. Así dice un proverbio que escuché recientemente en una película. No sé qué tan cierto sea lo anterior, pero eso me hizo pensar en lo estigmatizada que está la soledad. Y si no me crees, acuérdate de aquella vez que fuiste solo a beber a un bar o peor aún: el día en que fuiste solo al cine. Aunque en realidad me refiero a un único tipo de soledad: la soltería.

No entiendo (bueno sí entiendo, pero no quiero aceptarlo) por qué la sociedad te impone la idea de buscar a esa “persona especial” para compartir la vida. Sé que es una idea muy arraigada, quizá para preservar la especie y demás. Si tienes treinta y cinco años y sigues soltera,  ya te quedaste a vestir santos; serás la tía solterona a la que toda la familia mirará con lástima en las reuniones.

La televisión y el cine –y anteriormente la radio—se han encargado de pintarte el mundo amoroso de color de rosa. Tropezarás con mil piedras, besarás cien sapos; pero al final, encontrarás al amor de tu vida y serán felices por los siglos de los siglos amén. Formarán una familia, tendrán un lindo hogar y morirán siendo ancianos tomados de la mano en su cama.

Sin embargo, la realidad dista, y por mucho, de ese mundo feliz que las películas muestran. Sí, admito que hay parejas que la verdad, hacen creer en el amor eterno nomás de verlas. Pero si todo fuera así, no existiría el divorcio… ni “Lo que callamos las mujeres” y “Laura en América”.

Además de la presión social, tengo la hipótesis (y estoy segura de que no soy la única que lo piensa) de que los seres humanos tememos a la soledad porque nos aterra la idea de encontrarnos con nosotros mismos, con una versión nuestra que quizá no nos agrade tanto. Una versión que nos desnudará –en el sentido figurado—frente a nuestra propia persona, pues al no tener a nadie más con nosotros, nos quitaremos las máscaras.

Pero bueno… yo estoy aprendiendo a disfrutar de la soledad. La estoy aceptando, abrazando, apapachando y, como diría un profesor, me la estoy fajando. En realidad no es tan difícil. Nada como caminar sola por las calles pensando en todo y en nada al mismo tiempo; no tener preocupaciones por ¿qué le voy a regalar en su cumpleaños? Y no olvidemos el tiempo (y dinero) libre que tiene uno para invertir en sí mismo.

Además… ¿cómo sentir el calor de la compañía si no sientes a la soledad antes? Bien lo dijo Descartes, necesitamos polos opuestos como puntos de comparación. La perfección no existiría sin la imperfección.

Aunque no niego que busque a alguien o que quiera a alguien para compartir “mi vida”. Digo… ahorita pienso eso porque soy joven y tengo muchos amigos, jaja. Tampoco es que me cierre a la idea esa de formar una familia, pero pues no es algo que me quite el sueño, ni mi principal objetivo en la vida.

Y como diría aquella canción: “Mi soledad… siempre he pertenecido a ti”.