miércoles, 22 de febrero de 2012

Mi primer amor


Dicen que siempre hay una primera vez, que esa primera vez jamás se olvida. Palabras muy sabias y ciertas son las anteriores. Jamás olvidaré el primer contacto que tuve con él. Supe de su existencia gracias a mi hermano. De no haber sido por él, tal vez después lo hubiera conocido. Pero no, el destino quiso que fuera a los nueve años.

Nunca antes había tenido un acercamiento de ese tipo. Bueno, sí, en la escuela, cuando tenía seis años. Pero era porque mi profesora me obligaba. Esta vez era diferente. Ahora era yo quien tomaba la iniciativa.

Cada vez me sorprendía más. Con cada anécdota quedaba anonadada. Todo lo que me decía me parecía inverosímil. “Tuve a un gato que me odiaba, y yo a él. Primero le saqué un ojo y después lo maté”. Me sentía atraída y lo repudiaba al mismo tiempo. No me explicaba lo que sucedía en mi mente.

Quizá era el morbo que padecemos la mayoría de los seres humanos lo que no me permitía alejarme. Tal vez sólo me movía la curiosidad. No podía dejarlo. Mi mente decía “basta”, pero mi instinto no cedía.

Así continué durante varios días, debatiéndome entre seguir o no. Me consternaba más a cada instante. Otro día me contó de alguien a quien enterraron vivo. Aunque al principio no creía, terminé sucumbiendo. Le creí totalmente. Me parecía tan irreal, pero al mismo tiempo probable.

Sin embargo, nada es para siempre. Luego de algunas semanas, todo terminó. Aunque no fue hasta uno o dos años después que descubrí la verdad: viví engañada ¡Todo lo que dijo era mentira! Invenciones producto de su imaginación.
La verdad no fue difícil aceptarlo, pues cuando me contaba todo eso era muy pequeña. Una de niña se cree todo lo que le dicen. Por eso cuando crecí y tuve más conciencia de las cosas, no me sorprendió. “Con razón a veces no le creía”, me dije.

No obstante, no lo hacía a propósito. Sus intenciones no fueron malas en ningún momento. Él no tenía la culpa de que no hubiera nadie que me explicara que la gente inventa historias. Además, él ya no estaba aquí para decírmelo. Y aunque estuviera, dudo que lo hubiera hecho.

En un párrafo de los anteriores escribí que todo acabó. Pero ahora que lo pienso, no fue así. En realidad fue sólo el principio. Luego de él, quise conocer a más de los de su tipo. Agradezco infinitamente a mi hermano por presentármelo.

Y a pesar de lo tonta que me sentí cuando me enteré que sus cuentos no eran ciertos, agradezco a Edgar Allan Poe. Gracias a este escritor, mi primer acercamiento a la literatura fue estupendo. Fue quien me enseñó que la vida puede ser más placentera cuando uno lee.

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