Dicen
que siempre hay una primera vez, que esa primera vez jamás se olvida. Palabras
muy sabias y ciertas son las anteriores. Jamás olvidaré el primer contacto que
tuve con él. Supe de su existencia gracias a mi hermano. De no haber sido por
él, tal vez después lo hubiera conocido. Pero no, el destino quiso que fuera a
los nueve años.
Nunca antes había
tenido un acercamiento de ese tipo. Bueno, sí, en la escuela, cuando tenía seis
años. Pero era porque mi profesora me obligaba. Esta vez era diferente. Ahora
era yo quien tomaba la iniciativa.
Cada vez me
sorprendía más. Con cada anécdota quedaba anonadada. Todo lo que me decía me
parecía inverosímil. “Tuve a un gato que me odiaba, y yo a él. Primero le saqué
un ojo y después lo maté”. Me sentía atraída y lo repudiaba al mismo tiempo. No
me explicaba lo que sucedía en mi mente.
Quizá era el morbo
que padecemos la mayoría de los seres humanos lo que no me permitía alejarme.
Tal vez sólo me movía la curiosidad. No podía dejarlo. Mi mente decía “basta”,
pero mi instinto no cedía.
Así continué
durante varios días, debatiéndome entre seguir o no. Me consternaba más a cada
instante. Otro día me contó de alguien a quien enterraron vivo. Aunque al
principio no creía, terminé sucumbiendo. Le creí totalmente. Me parecía tan
irreal, pero al mismo tiempo probable.
Sin embargo, nada
es para siempre. Luego de algunas semanas, todo terminó. Aunque no fue hasta
uno o dos años después que descubrí la verdad: viví engañada ¡Todo lo que dijo
era mentira! Invenciones producto de su imaginación.
La verdad no fue
difícil aceptarlo, pues cuando me contaba todo eso era muy pequeña. Una de niña
se cree todo lo que le dicen. Por eso cuando crecí y tuve más conciencia de las
cosas, no me sorprendió. “Con razón a veces no le creía”, me dije.
No obstante, no lo
hacía a propósito. Sus intenciones no fueron malas en ningún momento. Él no
tenía la culpa de que no hubiera nadie que me explicara que la gente inventa
historias. Además, él ya no estaba aquí para decírmelo. Y aunque estuviera,
dudo que lo hubiera hecho.
En un párrafo de
los anteriores escribí que todo acabó. Pero ahora que lo pienso, no fue así. En
realidad fue sólo el principio. Luego de él, quise conocer a más de los de su
tipo. Agradezco infinitamente a mi hermano por presentármelo.
Y a pesar de lo
tonta que me sentí cuando me enteré que sus cuentos no eran ciertos, agradezco
a Edgar Allan Poe. Gracias a este escritor, mi primer acercamiento a la
literatura fue estupendo. Fue quien me enseñó que la vida puede ser más
placentera cuando uno lee.
No hay comentarios:
Publicar un comentario