jueves, 22 de septiembre de 2011


Y sin embarGo, Sonríe
Sufrir sin quejarse es la única lección que debemos aprender en esta vida.
Vincent Van Gogh
Hoy, mientras iba camino a la escuela en el transporte público, sucedió algo que ya casi no se ve en estos días. Estaba sentada del lado de la ventana, cuando el camión se detuvo, subió un señor que me sorprendió. Vestía extremadamente humilde, sus zapatos tenían un buen tiempo, su pantalón de mezclilla estaba viejo y desgarrado de las rodillas. Pero no era de ese desgarre de los pantalones que ahora te venden así. No, era un desgarre de viejo, del uso que se le ha dado. Su camisa despintada parecía haber tenido una mejor época. Traía una gorra un poco deshilachada, a mi juicio, era lo más nuevo que portaba.
El señor cargaba con dos bolsas que juntas tal vez pesaban lo que yo. No sé que traía, a juzgar por su esfuerzo, no era nada ligero. Sin embargo no fue esto lo que me sorprendió. Lo que me sorprendió fue que a pesar de todo, el señor sonrió. Parecía ser la persona más feliz del mundo, se veía extremadamente alegre. No supe qué pensaron los demás pasajeros, ni siquiera sé siquiera si lo vieron. Pero yo sí, y me contagió un poco de su alegría. Subió al camión, le dijo buenas tardes al conductor (cosa que ya no muchos hacen), dio unos cuantos pasos con algo de esfuerzo por cargar las bolsas. Se sentó delante de mí, le dijo “buenas tardes” a la persona que estaba a su lado. Ésta le respondió. Y el señor sonrió. Sonrió como tenía mucho que no veía sonreír a nadie. Entonces yo también sonreí. Usted señor lector, ¿cada cuánto sonríe?

 

1 comentario:

  1. Te amo hermana! y me fascina que te expreses en esa forma que solo tú conoces :D
    FELICIDADES por tu blog. Sé que tendrá mucho éxito! Un abrazo. Carlos :D

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